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Mazda MX-5: la historia completa del pequeño roadster que salvó el placer de conducir

13 août 2026 · 9 min de lectura
Mazda MX-5: la historia completa del pequeño roadster que salvó el placer de conducir
Mazda MX-5 de quatrième génération (ND), toujours au catalogue — © EurovisionNim / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Hay coches que impresionan por su potencia, y otros que cautivan por su ligereza. El Mazda MX-5 pertenece con orgullo a la segunda categoría. Desde 1989, este minúsculo roadster de dos plazas ha hecho una apuesta que todos juzgaban perdida de antemano: devolver a los automovilistas el placer de conducir en estado puro, sin artificios y sin arruinarse. Treinta y cinco años, cuatro generaciones y más de un millón de ejemplares después, es simplemente el descapotable de dos plazas más vendido de la historia —y, milagro en la era del todo-SUV, sigue rodando. He aquí su historia, de principio a fin.

Mazda, el outsider que amaba el motor rotativo

Para entender el MX-5, hay que entender primero a Mazda. El fabricante de Hiroshima nunca ha sido un fabricante como los demás. Mientras toda la industria apostaba por el clásico motor de pistones, Mazda se empecinó durante décadas en desarrollar el motor rotativo de diseño Wankel —un bloque compacto, ligero, giratorio, de una suavidad única. Desde 1967, el Mazda Cosmo se convirtió en uno de los primeros coches de serie del mundo en equiparlo, antes de que los míticos RX-7 y después RX-8 lo hicieran su firma. «Powered by Rotary»: se había convertido en una identidad, casi una religión de ingenieros.

El apogeo de esta epopeya sigue grabado en la memoria de los apasionados: en 1991, el Mazda 787B y sus cuatro rotores rugiendo a pleno régimen ganaron las 24 Horas de Le Mans, convirtiendo a Mazda en el primero —y hasta hoy el único— fabricante japonés en imponerse en la clasificación general de la mayor carrera de resistencia del mundo. Recuerden bien ese espíritu: el de un outsider valiente, obsesionado con la ligereza y dispuesto a tomar caminos que nadie más se atrevía a recorrer. El MX-5 no tiene motor rotativo —es un sensato cuatro cilindros de pistones— pero nació exactamente del mismo espíritu de independencia y la misma pasión por conducir.

1979-1989: la génesis de una idea contraria a la corriente

La historia comienza con una conversación. En 1979, en Hiroshima, un periodista automovilístico estadounidense llamado Bob Hall le susurra al responsable de ingeniería de Mazda, Kenichi Yamamoto, una idea que le ronda en la cabeza: ¿y si se resucitara el pequeño roadster ligero y asequible, el que encarnaban antaño los Lotus Elan y otras británicas de los años sesenta, antes de que los costes y las averías se las llevasen todas? En 1982, Yamamoto da luz verde para estudiar el concepto. El proyecto se confía al ingeniero jefe Toshihiko Hirai, mientras que el estilo es dibujado, en parte en el estudio californiano de Mazda, bajo la dirección de Tom Matano.

De este trabajo nace una filosofía que se ha hecho célebre: el «jinba ittai», la idea de que el coche y su conductor son uno, como el caballo y su jinete. Todo en el MX-5 emana de este principio: un motor delantero modesto, tracción trasera, una distribución de masas próxima al equilibrio perfecto, un peso pluma y una capota que se maneja con una sola mano sin abandonar el asiento. Revelado en el salón de Chicago en la primavera de 1989, el pequeño Mazda desata inmediatamente la «Miatamania» —por el nombre Miata, «recompensa», que lleva en América del Norte (Eunos Roadster en Japón, MX-5 en Europa). El éxito es inmediato, planetario, y mucho mayor que todo lo que Mazda se había atrevido a esperar.

NA (1989-1997): la fundadora

La primera generación lleva el código interno NA —el mismo que se encuentra todavía en los catálogos de época. Es la más entrañable de todas, con sus adorables faros retráctiles que se elevan en un abrir y cerrar de ojos, convertidos en el emblema absoluto del modelo. Bajo el capó, un cuatro cilindros de 1,6 litros de 115 caballos es más que suficiente para animar un coche que pesa apenas más de 950 kilos. En 1994, un 1,8 litros más generoso (alrededor de 130 caballos) se une a la gama, la carrocería se rigidiza discretamente y los frenos se refuerzan.

El NA nunca ha brillado por sus cifras, sino por sus sensaciones: una dirección de una pureza rara, una pequeña caja manual de manejo de relojería y esa sensación emocionante de que la más pequeña carretera se convierte en un patio de juegos. Muy pronto proliferan las series especiales que harán la alegría de los coleccionistas, como el famoso «British Racing Green» de 1991 con tapicería leonada, un guiño asumido a los roadsters ingleses cuya antorcha había retomado. Es esta generación la que, por sí sola, resucita un segmento entero que se creía muerto.

NB (1998-2005): el refinamiento

En 1998 llega la segunda generación, código NB. El cambio salta a la vista: los faros retráctiles ceden lugar a ópticas fijas, por razones de coste, peso y seguridad de peatones. La silueta gana en redondez y modernidad, la estructura en rigidez, sin renegar del espíritu original.

El verdadero punto de inflexión se produce en el restyling de 2001, que los conocedores llaman «NB2» —y que los catálogos clasifican como fase 2 (atención, los modelos de 1999 y 2000 son, ellos, «NB1»). Mazda ofrece entonces al 1,8 litros una distribución con calado variable (etiquetada S-VT) que aumenta la potencia de 140 a 146 caballos y gana en revoluciones; la cara frontal adopta ópticas de triple proyector, el equipamiento y los asientos se revisan. Sin nunca traicionar la simplicidad de la original, la NB es un MX-5 más perfeccionado y más seguro. Se celebra en 2000 con una serie «10 aniversario» de un tono azul metalizado tan particular. Hoy es una de las más asequibles a la compra para quien quiera probar el mito.

NC (2005-2015): el sobrepeso asumido

La tercera generación, código NC, marca la mayor ruptura de la línea. El coche se ensancha, se alarga y gana algunos kilos —ahora rondamos los 1 100 kilos— compartiendo parte de sus fundaciones con el deportivo de motor rotativo RX-8. La mecánica evoluciona hacia motores de 1,8 y 2,0 litros, este último rondando los 160 caballos. Sobre todo, el NC inaugura en 2006 una innovación importante para la familia: un techo rígido retráctil eléctrico (bautizado PRHT), que se repliega en una docena de segundos sin ocupar ni un litro de maletero. El roadster se duplica con un pequeño cupé-descapotable de verdad, sin perder su habitabilidad.

Con una larga carrera por delante, el NC conoce dos restylingsucesivos: uno primero en 2009 (la fase 2 de los catálogos), otro en 2012 (la fase 3), que refinan el dibujo de la cara frontal y retoca los trenes rodantes. Es la generación de la madurez y de las series especiales cuidadas, a menudo dotadas de amortiguadores Bilstein y diferencial autobloqueante. Los puristas le reprocharán un ligero sobrepeso —un reproche que la generación siguiente se apresuró a corregir sin contemplaciones.

ND (desde 2015): el retorno a los orígenes

Lanzada en 2015, la cuarta generación, código ND, es una verdadera declaración de intenciones. Consciente de que el MX-5 había engordado un poco, Mazda ordena una cura de adelgazamiento radical: el ND vuelve a pasar bajo la barrera de los 1 000 kilos en sus versiones más ligeras, recuperando el tamaño compacto y el espíritu afinado de la original. Vestido con el lenguaje estilístico «Kodo» de la casa —superficies tensas, capó buceador, mirada felina— cambia los grandes motores por dos bloques gasolina SkyActiv-G: un 1,5 litros de 131 caballos todo finura, y un 2,0 litros.

En 2016 aparece una versión inédita, el MX-5 RF (por «Retractable Fastback»), con techo rígido que se repliega en un ballet de chapas espectacular conservando dos arcadas estilo targa —de una elegancia loca. Luego, en 2018, una actualización importante lleva el 2,0 litros a 184 caballos con la zona roja empujada más allá: el pequeño Mazda gana en dinamismo sin renunciar a su filosofía. Las series especiales siguen haciendo soñar, como la del «30 aniversario» de 2019 y su tono Racing Orange producido en serie estrictamente limitada. Constantemente retocado y mejorado, el ND sigue en catálogo hoy —una longevidad simplemente excepcional para un roadster.

De la carretera a la palanca: una estrella del videojuego

El MX-5 no solo ha conquistado las carreteras: también reina en las pantallas. Desde hace casi treinta años, es un paso obligado de los videojuegos de carreras, comenzando por los dos gigantes del género que se enfrentan consola contra consola —Gran Turismo en PlayStation y Forza en Xbox. Desde el mismo primer Gran Turismo, en 1997, el pequeño roadster japonés está presente; el episodio Gran Turismo 4 le dedicará incluso una edición especial «Mazda MX-5», y la serie continúa honrándolo hasta el reciente Gran Turismo 7. Por el otro lado, el MX-5 —hasta su versión de competición MX-5 Cup— es un favorito de los Forza Motorsport y Forza Horizon, donde figura de serie desde hace años.

Este éxito virtual no es casualidad. Ligero, juguetón, fácil de domar pero exigente de dominar al límite, ofrece con palanca en mano exactamente lo que proporciona en carretera abierta: el placer de conducir en estado puro, al alcance de todos los presupuestos. Los apasionados han hecho incluso un adagio repetido hasta la saciedad: «Miata is always the answer» —la Miata es siempre la respuesta correcta. En el asfalto como en el videojuego, difícil darles la razón.

Un récord mundial y toda una cultura

Las cifras marean para un coche tan discreto. El 22 de abril de 2016, el MX-5 superó el millón de ejemplares producidos desde 1989 —una cifra que ningún otro roadster de dos plazas ha alcanzado jamás, lo que le valió entrar en el Libro Guinness de los récords como el descapotable deportivo biplaza más vendido de todos los tiempos. Pero su influencia va mucho más allá de las estadísticas. Se lo encuentra en todas partes: en las pequeñas carreteras europeas el domingo por la mañana, en innumerables clubes de apasionados, y sobre todo en circuitos, donde se ha convertido en uno de los coches de carrera amateur más comunes del planeta, columna vertebral de campeonatos de un solo modelo enteros.

Su secreto nunca ha cambiado de una generación a otra: no busca imponerse, sino hacer sonreír. Donde tantos deportivos apuestan por caballos y cronómetros, el pequeño Mazda recuerda que una curva bien tomada, pelo al viento y caja manual en mano, proporciona una felicidad que la potencia bruta nunca reemplazará. En una época en que el futuro de los pequeños deportivos térmicos se cuestiona y la electrificación baraja las cartas, el MX-5 es una excepción preciosa —la prueba viviente de que un coche puede ser moderno, deseable y fiel a una idea con treinta y cinco años.

Desde el NA con faros retráctiles al ND actual, el MX-5 ha atravesado las épocas sin jamás renegarse. Para prolongar el paseo generación tras generación, encontrará en Brochure Auto los folletos de época del Mazda MX-5 para descargar gratuitamente —desde el primero de 1989 hasta el más reciente, uno de los más bellos pequeños placeres de la automoción se hojea como un álbum familiar.

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Fuentes
  • https://fr.wikipedia.org/wiki/Mazda_MX-5
  • https://en.wikipedia.org/wiki/Mazda_MX-5_(NA)
  • https://en.wikipedia.org/wiki/Mazda_MX-5_(NB)
  • https://en.wikipedia.org/wiki/Mazda_MX-5_(NC)
  • https://news.mazdausa.com/2016-04-24-Mazda-Produces-One-Millionth-Mazda-MX-5
  • https://gran-turismo.fandom.com/wiki/Mazda_Roadster
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